RENCOR

Hacía un año y medio que había muerto pero no solamente su espectro continuaba entre nosotros. También su cuerpo nos acompañaba. Pero él no era el mismo.

En el mismo momento en que tirado en el suelo, flotando en un charco de sangre de color oscuro y hedor putrefacto, expiró, alguien tomó su cuerpo.

No era nadie extraño. Era el aquel que hacía muchos años había dejado en el camino mientras se dejaba contaminar por una vida que hizo suya sin serlo. En el momento del traspaso esa vida quedó finiquitada allí mismo, dando paso a una parte de él que había dormido en algún lugar de su cuerpo y que nada tenía que ver con la persona que había sido hasta el instante de su viaje corporal.

Desde ese momento todo fue distinto, tenía que ser diferente, no había otra. Los daños habían sido muchos e irreparables. El deterioro había sido extenso e intenso, y a modo de epidemia se habían propagado entre aquellos más próximos causando entre tales heridas irreparables.

Fueron muchos los motivos, las causas de aquel desenlace en parte fatal.

Se hicieron dos bandos separados por la sangre: unos sumidos en la preocupación intentando recordar en que momento del camino se cambió el rumbo; los otros, acusando abiertamente, de manera hostil y cruenta al otro lado de la cama, insistiendo en la sinrazón a todos los niveles que ya no se valora tras las nefastas formas.

Y después de esto llegó el pacto de silencio, ese que acabó de aniquilar aquello que quizá tuvo la esperanza de ser y nunca llegó a existir, aunque en inexistencia, dejó contradictoriamente los frutos de la ira esparcidos en la oscuridad de la noche.

Y mientras unos no olvidaban el doble dolor tras la barbarie de los acontecimientos que han sido partícipes y objetos, el otro lado se extraña regocijándose en el fondo de la falta de trato y de la ausencia de valores de aquellos que no hicieron más que soportar cuando menos indiferencias y desprecios exentos de culpa, sin más razón quizás que ocupar un remoto rincón en el corazón del cuerpo, causante cuanto menos del mayor rencor jamás conocido.

Anuncios

Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
Esta entrada fue publicada en ENSAYO DE A PIE, ENTRETENIMIENTO, RELATOS, SENSACIONES y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a RENCOR

  1. Takuskita dijo:

    A veces, los recuerdos son los peores espectros. Genial relato.

    ¡Saludiness!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s