Siento tus manos en mis hombros anunciando tu llegada, mientras yo continúo mi tarea ante la pantalla. Giro el sillón y nos saludamos, como si no ocurriese nada, un como estás, un bien y tu y una sonrisa por respuesta. Como final del saludo, dos besos protectores que me provocan, como toda tu presencia. Esa presencia que impregna el aire aunque no estés, porque la realidad es que siempre estás ahí, en mi piel, vigilando mi extramuro, pendiente imaginaria de mis sentimientos….
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