No estaba muerta
solo acariciaba la muerte
levemente, sin fuerza
con esa misma que
me alejaba de la vida
de todo lo incarente
de una simple caricia,
esa mera demodé
y fuera de onda,
esa que olvidaste
para no dar más nunca
esa por la que
aunque sigo viva
alimento intermitente
el coqueteo con la dama,
hasta que me haga visible
y me cubra con su capa.
A Ángeles, Rita y Belkis

Debe estar conectado para enviar un comentario.