SENTIR

Después de toda una semana en tensión cerrando los últimos negocios de la temporada, conseguí sin proponérmelo una paz de característica casi extraña que me sumió en la más placentera de las estadías. Recordaba por momentos aquellas canciones de The Beatles compuestas tras su viaje a la India, mientras realizaba un viaje sin moverme del sofá. De repente bajé a la calle, paseaba un perro imaginario, el mismo animal que todavía estaba por llegar y cuyo llanto había quebrantado mi descanso. Ya en la calle, me dí cuenta que por alguna razón mi visión había quedado en un registro en blanco y negro, solamente sus ojos melados rompían aquella escala de grises en la que se desarrollaba mi visión. Yo acompañaba al perro, lo llamaba y no venía. No conocía la calle y debió despistarse entre los coches aparcados. Por suerte, era una calle sin salida y el tráfico era imperceptible pese a estar ubicados dentro de una gran ciudad. Me pareció que el perro había atravesado el jardín y creí que estaba desaparecido entre los arbustos que desprendían un aroma embriagadoramente dulzón.

Yo no quería que él me viese, no quería problemas. Ante todo deseaba continuar con una existencia tranquila, fuera de cualquier contratiempo que alterara el orden establecido, mi orden establecido.

Era consciente de que en pocos metros a la redonda se encontraban las dos personas en este mundo con más posibilidades de conseguirlo. Realmente solo una. ¿Qué porqué lo tenía tan claro? Sencillamente, porque mi cerebro domina al resto y las últimas noticias sobre él, que de hecho no habían hecho más que cerciorarme que mis sospechas durante años fueron ciertas y fundadas, me aclaraban que pese a la dependencia que existió en su día, ésta quedó completamente finiquitada tras el último escándalo sexual de su persona, que fue retransmitido por todos los canales, junto con su foto, presentándolo como poco menos que el monstruo que realmente era. A mi manera lo quise, pero no me doblegué. Por eso acabó conmigo. Bueno, lo intento. Lo intentó y creó conseguirlo. Quizás de alguna manera lo consiguió. Si fue así, yo lo disimulé lo mejor que pude.

Aprendí a reinventarme cada mañana, como los grandes.

El otro era había estado desde siempre y durante mi cura fue el objeto de deseo que manipulé a mi antojo como una pequeña Lolita caprichosa mientras me hizo falta.

Pero siempre había estado ahí, de manera aparentemente inconsciente para ambos, la atracción existía de manera latente. Quizá esa equidad fue el verdadero nexo existente entre nosotros, ente ese secreto a voces que era nuestro asunto, el que nunca salió pero siempre estuvo.

Me vio. Lo vi. Me hice la despistada. Me llamó por mi nombre. Me llamó de esa manera que muy pocos se dirigen a mi. Me hice la sorda.

El día estaba gris y no solo era por el efecto bicolor de mi visión. Había una humedad del carajo, el ambiente casi podía absorberse con un tissue.

Bajé hacia la otra calle, más que todo para protegerme de los mirones que acostumbraban a observar las vidas ajenas desde los balcones. La antigua calle de Campoamor había quedado reconstruida por completo. El colegio de nuevo volvía a ocupar su espacio original y hacía la función de biblioteca social, un curioso espacio para la cultura que empezaba a ponerse de moda después de la segunda gran depresión.

Cuando quise darme cuenta, lo tenía tras de mi. Me tenía próxima, podía sentir su respiración agitada en la parte trasera de mi cuello y su miembro erecto pegado a mi vestido a la altura de mis nalgas. Me cogió por los hombros y me giró poniéndome entre el y la pared del antiguo colegio.

Comenzaba a llover y en la calle no había un alma. Intentó besarme. Me deslié de sus brazos y salí corriendo. Me adentré en el pasadizo del vestíbulo del antiguo cine anexo a la biblioteca. La puerta estaba abierta. Al llegar al patio, no tuve escapatoria, tampoco me forzó. Me hizo el amor bajo la lluvia. Por un momento tuve una conducta inapropiada, me dejé seducir. Por supuesto que no me dejé seducir por aquel hombre de ojos melados, sino por la vida misma. Me dejé llevar, me dejé sentir..
http://www.youtube.com/watch?v=14eHrNSLyGICAM00250

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Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
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