CONFESIONES AJENA CON CARLES LLORENS III

 

Hoy voy a hacer una confesión que no le he hecho a nadie en mi vida, a nadie.

Alguno se preguntará porqué hoy es un buen día para sacar del desván de mis vivencias esta historia, es muy sencillo, hoy voy a explicar un delito, algo que ocurrió muchos años y que en muchas ocasiones ha aflorado en mi memoria pero que, dada la circunstancia debía guardar para mi.

Hace unos días recibí una herencia y como la vida está como está y es la que es, aproveché la coincidencia en la sala de espera del doctor, con una abogada conocida. La entrada a la consulta se demoraba y ella me explicaba con detalles lo que debía hacer. La vi tan motivada que decidí hacer una pregunta un tanto indiscreta “Maria ¿cuando prescribe un delito?” y ella, sin dar importancia me respondió “Veinte años Carles”

A raíz de esa pequeña conversación en la sala de espera del doctor, decidí sacar de mi, ese gran delito: el narcotráfico.

Cuando era joven frecuentaba una discoteca muy cerca de la calle Ancha, al lado de donde ahora se encuentra el Carrefour. De los amigos que acostumbrábamos a salir juntos había uno al que le gustaba fumar chocolate y allí era de todos sabido que se podía conseguir. Este amigo nuestro era un caso, se gastaba el presupuesto en el fumeteo y luego no le quedaba dinero para continuar la noche. Se ponía de un pesado! Pretendía que lo invitásemos a beber a cambio de fumar de lo suyo y no le entraba en la cabeza que a mi, no me interesaba, que yo con mis Ducados tenía bastante. No había manera de hacérselo entender y muy peor era cuando ya había fumado.

Mis amigos y yo acostumbrábamos a pasar todos los sábados antes de subir por los pubs del centro. El dueño, que era quien regentaba el local, nos tenía en buena consideración y nos trataba más que como clientes, como amigos.

El hombre ponía todo tipo de música, incluyendo las rumbas de los Chichos y los Chunguitos que en esos años estaban muy de moda.

A mi, la verdad, una vez puesto en harina, me daba igual escuchar a Kansas que a Farina, llegado un punto, la música era una condición ambiental, nada más.

Ahí quería yo llegar, al ambiente. No todo el mundo tiene la poca apreciación que yo por la música llegado un punto de la fiesta aunque si que es verdad que cada día iba cambiando el perfil de los clientes de la sala, cosa que a mí me daba exactamente igual, pero al dueño, que empezó a perder clientela de aquellos que conocíamos por la “jet set”, si, porque suponía una gran parte de los ingresos del local. Así que el hombre, se vio obligado a chapar el antro.

Nos comentó que había comprado el local de al lado, con lo que pidiendo un crédito, podría reformarlo todo y volver a abrir dando un enfoque más moderno.

El hombre nos pidió el teléfono y nos dijo que cuando estuviese listo nos llamaría para invitarnos a la inauguración.

Pasaron varios meses y un día nos llamó aquel hombre. Por fin podía abrir el local.

Allí estábamos todos, todos sus clientes y alguno más, aquel día era gratis, que les puedo ya contar…

Aquello era otro mundo, ahora era una sala moderna, era como una réplica en mini del Studio 54 de Barcelona, hasta la música era igual ¡Qué cambio!

De todos es sabido y puesto en práctica aquel refrán que dice “Nunca llueve al gusto de todos”. Los incondicionales del flamenqueo se quejaron y el hombre les explicó que no podía cambiar la música, que ahora no estaba solo, que tenía un socio y que esas cosas no dependían solo de él.

Aquellos dejaron de entrar al local y algunos siguieron viniendo pero se quedaban en la calle ofreciendo chocolate.

Algunas veces pasaba la policía y se los llevaba al cuartelillo, otras, les requisaban la mercancía, y alguna vez hasta salían por patas y hacían correr a la policía.

En una de esas fue que, a la hora de salir nosotros del local, le di yo una patada a una bola de papel de aluminio. La cogí, para hacer creer a mis amigos que había encontrado del botín de los camellos, y enseguida me di cuenta que aquella bola pesaba algo más que el aluminio.

Mis amigos empezaron a reírse y yo les seguí la fiesta. En el momento que pude me fui al lavabo y miré el contenido: ¡Era una bola de chocolate del tamaño de una bola de tenis!

Un costoso hallazgo el mio, aunque yo, que de la venta de esas cosas no sabía más que había unos fulanos, que siempre eran los mismos, que se ponían en la puerta de los locales…

No se la iba a dar a mi amigo, así que un día hablé con un vecino que decían que traficaba y acabé haciendo un trato con él, le dije que me había encontrado un trozo a la salida de la discoteca. Me dio dos mil pesetas y sin saberlo, mucha información de donde y como colocar el boloncho.

Como yo no quería meterme en esas cosas, directamente me fui un día a un bar de Barcelona donde me había explicado mi vecino que el se surtía.

Pregunté por un tal “Dallas” y el camarero me dijo que allí no había nadie con ese nombre. Pedí una cerveza y entablo conversación conmigo. Yo le dije que tenía un vecino que me había enviado, y entonces el camarero se presentó como Dallas.

El hombre era corpulento y con cara de malas pulgas con lo que yo estaba un poquito asustado. Me preguntó que para qué un chaval como yo buscaba a Dallas. Le dije que un primo mío que vive en Francia había ido a Marruecos y en el camino de vuelta había hecho noche en casa, y que al recoger la habitación cuando hubo marchado me encontré una bola de chocolate.

El hombre me dijo que la trajese que la miraría y si era buena me la compraría.

Me la saqué del bolsillo, el hombre la olió, como un cochino la trufa y me dijo que me daba diez mil pesetas.

Yo no me lo pensé y las cogí al vuelo. Yo no había visto un billete con la cara del príncipe en mi vida, no pensé ni que me la podía estar colando.

Tampoco me importaba, creo que hasta me sentí liberado al perder de vista el boloncho. Igual que ahora, al por fin contarlo…

Y que decirles, que el billete era bueno, y me pasé unos meses estupendos, y ¡mis amigos creyendo que me habían tocado los cupones!

10000

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Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
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