DLM, EN CLAVE DE MANTEQUILLA

Al abrir el procesador de textos me di cuenta que hacía ya un mes que no trabajaba.  En ese mismo instante un flash me alertaba de mi desgana, de mi infelicidad, del dolor que día tras día estaba consiguiendo apoderarse de todo mi cuerpo, entumeciendo mis miembros, ennegreciendo mis ojeras, aturdiendo mis reflejos más básicos.

Casi estaba empezando a olvidar el placer que provocaba en mí un buen bocado de queso manchego y un buen vino de Valdepeñas.  Me estaba alejando de mí mismo en mí.  Pareciera que mi ser fuera un símil de caracola sin fin donde yo mismo viajaba a velocidad de vértigo atravesando los canales cilíndricos de dimensiones infinitas.

Mientras todo esto ocurría, mi yo transversal continuaba con la vida corriente, esa en la que compartimos espacio y atmósfera con otros cuerpos semejantes al nuestro: mi yo transversal acude al trabajo cada mañana, soporta y aguanta los embates armamentísticos de un compañero descarado y las sutiles amenazas de un jefe edulcorado que pretende darse su valor avasallando a los más débiles.  ¡Cuán fácil resulta todo eso cuando eres el jefe!; mi yo transversal también acude al super a la salida del trabajo, un sudor frío recorre mi espinazo, no sé si a causa del malestar óseo recurrente y cada día más presente, o quizás por la descarada publicidad de los productos, donde en una de ellas detecto que, donde antes se contaba por kilo, ahora lo hace por pieza, como engañando al borrego; el resto es poco, prácticamente vegeto, me dejo morir en el dolor, en la dificultad ambiental, en la crueldad social y económica a la que muchos nos encontramos sometidos. 

En los días de transversalidad lúcida, cuando luce el sol a pesar de la inflación, de la maldad humana y de la suciedad de género, tolero con una sonrisa las adversidades, siento hasta pena por los iluminados con ínfulas de algún tipo, vivo mi vida, mi bajada a través de la espiral infinita que es mi alma, desacelera, se aletarga y la transversal, casi se nivela, parezco curada.

Descubro un nuevo producto en la balda que paraliza mi caída tubular libre, una mantequilla de leche de cabra del Valle de los Pedroches.

Cuento los minutos que restan para probarla, ¡en cuanto llegue a casa!

El color vuelve a mis mejillas, el dolor se ralentiza, comienza el efecto de la pastilla, hoy será el sueño, mañana, si hay, la mantequilla.

Un oasis en forma de mantequilla
Un oasis en forma de canción

Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle CRÍMENES DE ASFALTO, TIERRA Y MAR, 2019, ed Vivelibro
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