LOS ABRAZOS ROTOS

Nada que ver con mi relato. Mechas, ¿porqué te mientes a ti misma?

La semblanza existente entre algunas personas, eso si: utilizar un seudónimo para exteriorizar lo que uno no es capaz -de nuevo el valor, muy recurrente últimamente- ha sido es un recurso muy utilizado. Si nos remitimos a la película -que todavía no he visto, aunque muy a mi pesar por cierto, ya que soy almodovariana nata,- el hecho de que el seudónimo acabe por imponerse al nombre real de la persona, puede interpretarse de diferentes formas (ahora entiendo porque los sistemas suelen elegir los códigos binarios, es la dualidad, el si o el no, la ley de la jungla, la manera intrínseca de funcionar)

Quizá quien uno es realmente no es a quien presta su vida, ese que pasea su cuerpo y lleva su nombre y apellidos, y vive en su casa, y duerme con su pareja.

A lo mejor la verdadera realidad es aquella que no se ve, aquella que se siente, que también se equivoca y que uno pone otro nombre.

Leyendo la sinopsis, llama mi atención lo de la foto de dos amantes abrazándose, rota en mil pedazos. Para mi no tiene más valor que la de un pedazo de papel roto, tras una historia acabada, uno puede guardar los recuerdos -si le son gratos o si es un poco masoca- o bien romperlos, que más da, lo que valía era lo que sintieron para tener la necesidad de abrazarse y eso ya no existe.

Dejando un poco de lado sobre el final o no de un sentimiento, pero sin dar esquinazo a los abrazos, me ronda la idea de aquellos abrazos que uno quiere dar y que por alguna circunstancia no puede dar. Alguien no hace mucho me habló de eso, más bien entre risas que tomado en serio, por lo menos yo me lo tomé así y creo que no me equivoqué. Pero me ayudó tanto, me hizo tanto bien, que siento que le debo un abrazo, no puedo darle más, tampoco el está interesado en nada más. Pero siento que se lo debo, y no me siento bien. Y aun todavía me siento peor desde que descubrí que recibía aliento de alguien que lo necesitaba más que yo, eso se me sabe mal. Y me hace pensar en ello más de lo que toca. Y rezo para que se me vaya de la cabeza. Pero no se marcha. Está ahí. Me acompaña día y noche.

Y de manera contraria al protagonista de la película, hace esa persona a la que presto mi vida, se acerque cada día más a la que siente, y eso me da miedo, verdadero pavor. Porque si una cae, lo harán las dos.

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Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
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