CICATRICES


En esa triste existencia que un día pareció tocarme en una rifa, hoy es un día especialmente triste.

Soy realista y sé que dejando de lado los números, la vida nos va dejando cicatrices.

Yo, que soy de ese tipo de seres a los que pocas veces alguien le ha dicho cosas bonitas de corazón, acostumbro a apuntarlas en un archivo preparado para el acontecimiento. Si, hablo de frasecitas dichas por el género masculino, aunque aclaro, antes de sembrar ningún tipo de duda, que no pienso en el amor y esas cosas.

El archivo se titula “Cosas bonitas que un día escuché” y consta de poco más de tres frases. Sí, ¿qué pasa? A lo largo de mi vida, la oreja me la han recreado poco.

La frase en cuestión no sé a que vino a cuenta, pues la escuché delante de varias personas. Soy consciente que fue tras un efímero cruce de miradas, hecho sin mucha importancia tratándose de mí, ya que dispongo de un repertorio de expresividad bastante amplio en ese terreno. Supongo que es una forma de transmitir toda lo que llevo dentro, y he de decir, ya puesta, que en ocasiones me ha traído más de un disgusto.

El pudor me impide repetir lo que escuché y quedará como las otras para mi. Quizá algún día, en alguno de mis relatos quede plasmada en alguno de mis personajes, posiblemente en alguien con un corazón tan grande que no sea capaz de tomarle el pulso.

Retomando el párrafo anterior, me gustaría reflexionar sobre todo aquello que los seres humanos somos capaces de transmitir y muy especialmente, con todo aquello que no sacamos de nosotros por alguna razón, entre las que podría enumerar entre otras, la desconfianza, el miedo a equivocarse o el propio dolor que llevamos dentro. Hay que recordar al maestro Freud, controvertido donde los haya, que al respecto dijo algo así como que ante una situación emocional grave, la mente mandaba los síntomas al cuerpo para evitar la locura. Menos complicado, basado en eso y muchas veces escuchado, está el hecho de que en los períodos de estrés y en sucesivos, nuestras defensas bajan su capacidad, siendo nuestro organismo en esos momento mucho más vulnerables a las enfermedades físicas.

Y ahí entro yo, con mis entrañas a reventar, con ese dolor que me está matando, que me tiene en un carrusel continuo. Y cuando creo que todo está bien, dejando a un lado aquello de a lo hecho pecho, veo que el hombro en el que lloro todas estas sensaciones está igual que yo. Y me siento triste, muy triste, porque no se como evitar su dolor. Y soy, creo ser consciente de que todo está donde debe estar, y que esa preocupación no me hace sobrepasar ninguna línea moral ni personal, pero no puedo evitarlo. Y pienso en su sonrisa asimétrica, que permanece hasta en sus peores momentos, y me hace seguir adelante, pero triste, porque no puedo ayudarlo.

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Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
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