CIFRAS INTRO Y 2

09011963, día frío, mucho frío, apenas dos semanas antes una gran nevada había paralizado la ciudad, aquella ciudad que vive cara al mar y se extiende de colina a colina, formando sus edificios en algunas zonas, un mosaico casi perfecto. Su sino vino marcado por el capricho desde el día de su nacimiento: fue el capricho de su madre, el niño bonito de una casa donde abundaban las mujeres y la filosofía del machismo en su manera más refinada, daba lugar a un clima de mando matriarcal ante la impasibidad masculina dentro del hogar. Y así creció, entre los algodones proporcionados por las mujeres de la casa. El tesoro, el muñeco, un ente sin voluntad al capricho de su madre y hermanas. Y durante muchos años, vivió bajo su supervisión, siendo una marioneta al antojo de ellas. Hijo perfecto, con novia perfecta, mal estudiante, buen trabajador, buen deportista, pero todo, dentro de la familia, bajo la supervisión de la capa. Y un día entra alguien en su vida de manera inesperada y fuera de los esquemas trazados, y ese alguien entra con la doble atracción, la que cualquiera sentiría y la más dura, contradictoria y nefasta, la de alcanzar lo prohibido. Y en el otro plano no había más que un juego, un juego que acabó conviertiéndose en una prueba de vida, en un o uno o el otro, pura supervivencia humana. Nunca se pudo explicar como una simple diversión acabó siendo una guerra vitalicia que solo en la distancia consiguió tregua. El debate entre el bien o el mal entre unos y otros, entre esos y aquellos, entre ellos mismos, forjó un zarzal de amasijo férreo, helado, que a pesar del dolor ambos traspasaban de manera casi inerte, sino no se explicaba. Y en nada después el frío de dos se convertía en uno, de un minuto al siguiente todo cambiaba, el color, el calor, la textura, todo, menos la intensidad; en centésimas de segundo pasaban del amor al odio, de los besos a las bofetadas, de decir te quiero a un yo no te he querido nunca, y todo era verdad y a la vez mentira, y es que no se sostenía, había demasiada fragilidad, infinita dependencia, no existía el individuo. No existía nada fuera. Contradictorio, vaivén infinito, bucle aparentemente sin salida, excitación y vacío, un agujero negro en dos vidas frágiles, sin control, de manera peligrosa, al borde de un precipicio particular construido beso a beso por ellos mismos, sin más nada que un sentimiento descontrolado, sin razón, entre ambos. Destrucción del ser, un si pero no, un no pero si, un es sin ser, un ser lleno de algo. El tránsito sutil de una dependencia a otra, una rebeldía inhóspita, una locura escrita con la tinta negra de la sangre seca que destilaban ambos, un tormento en la distancia que se tornaba algo por encima de todo lo sentido hasta entonces. Asfixia, de uno en el otro, y con esa maldita dependencia que daba un ni contigo ni sin ti, un querer poner en práctica toda esa posesión a la que había estado sometido. Un no por respuesta, un susurro de “tu frialdad”. Un entender que no sin realidad quererlo, un abrazo de cuerpos desnudos mojados por las lágrimas surgidas del mismo alma. Un no ser capaz de poder con todo aquello, un intento inacertado de ganar un pulso a lo que uno sentía que era uno mismo. Un error que crecía entre el dolor que brotaba a la par que las caricias, una desinhibición total de los sentidos, una cama tras otra, un whisky, algo más. Sentir más, querer más, buscar más, poseer el alma del otro. No. Y como respuesta, violencia, y enseguida una vuelta a los besos, y un guantazo, y otro beso, y un mordisco, y la sangre roja, fresca, brota de unos labios hinchados, y se mezcla con las lágrimas, y se aclara, pero solo eso. La ofuscación reina en los encuentros, encuentros de altura por costumbre, rozando el cielo, tocando casi las estrellas con las yemas de los dedos. Y el resto infierno. Ese que uno se construye al verse preso, al sentir que se pierde dentro del otro, al descubrir que no siente más que lo que siente el otro, que no tiene más fuerza que la del otro, que no existe más voluntad, ni más verdad, ni más horizonte, ni más futuro. Y ante la frustración de querer seguir adelante y darse cuenta que no hay nada más que conquistar, la bajada en picado lo desliza hacia un abismo, a forma de bucle, que lo lleva de nuevo al origen, sembrando en la duda, la incertidumbre, esa ofuscación que lo acompañó durante el tiempo. Con idas y venidas, pero después de eso, sintiéndose más solo.

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Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
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