¿QUIEN MANEJA MI BARCA?

Debe ser que la vida ronda en torno a un mismo tema, de igual forma que la tierra gira en su eje imaginario. Y claro, ahí que vienen las modas, unas veces pantalones anchos, otras minifaldas…
Y la gente ahí, en el escaparate, unos mostrándose como pedazos de carne con ojos, otros, como corazones con patas. Y el espectador, esperando cruzarse con el actor que le invite al escenario, para ser protagonista de la historia más bella jamás contada, o en su defecto, de un cuento único, haciendo que se sienta diferente, y por la razón misma de verse único, considerarse especial, como tocado por la barita mágica.
La espera es larga, la vida nos parece corta, la lucha entre las ganas de vivir y el miedo a equivocarnos provoca un vaivén de matices emocionales que brotan en nuestra mirada. Hay quien lucha toda su vida buscando el equilibrio entre aquello que tiene al alcance de la mano y aquello otro que desea. Aveces, en ese afán nuestro en pro de la felicidad, nos dejamos deslumbrar por los pedazos de carne, aquellos que sintiéndose amos de si mismos, no quieren ni los perros, pero no somos conscientes, un espejismo nos tiene envueltos de manera peligrosa, y aunque todos sabemos de la fugacidad de cualquier hecho, una herida en nuestro orgullo, nos impide reconocerlo, y alargamos innecesariamente, de manera engañosa y cruel, esa agonía que nos estrangula y envenena.
Y parece que lo vemos, pero no, queremos ser ciegos, volvernos ciegos, no ver; ser sordos, no oír, no escuchar; no sentir, no manera inconsciente, no vivir.
¿Y yo qué? Te preguntas un día por la mañana tras despertarte al lado de algo que ni en tu peor pesadilla hubieses imaginado.
Y ese día, decides manejar tu vida, hacerte con ella, dejar de considerarla perdida, y ahí, sentad@ en la cama y con un dolor de cabeza atroz, intentas levantarte pero no puedes.
Pero no pides ayuda. Claro, fue un orgullo mal curado el que te llevó a donde te encuentras, y eso no lo soluciona el ibuprofeno, ni el bicarbonato, ni el metamizol, ni la sal de frutas.
El tiempo parece jugar hoy a nuestro favor, y nos recuerda que la carne se corrompe, y miramos hacia atrás, a través de él, y nos damos cuenta que el trozo de carne ha empezado a corromperse, y cada día huele más. Su indignación es su carta de presentación, su frustración la moneda de cambio, sus hechos, ya no tienen biblia donde guarecerse.
Su ser se ha desvanecido en el tiempo hasta volatizarse por completo.
Y ahora quedas tu, con aire limpio a tu alrededor, manejando la situación, mirando con otros ojos, manejando tu barca con todas las suertes, incluida la del corazón, que para tu sazón, tiene dos patas

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Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
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