Road Movie

Me resultó más que chocante verlos allí. Todos en el pueblo lloraban la muerte de mi tío y se encontraban allí para despedirlo. Solamente de vez en cuando, el silencio sepulcral -nunca mejor dicho- quedaba roto por algún sollozo. Hasta el cura, conocido por su desprendido discurso, miraba al cielo plantando cara a un sol de justicia. Y es que era julio, las cuatro de la tarde, y para más inri, nos encontrábamos en el sur de la península hispánica -todo un gesto de valentía ante el clima y ante la misma vida. La presencia de aquella pareja no rompió el silencio pero si consiguió desvaner de manera fortuita la inmovilidad de los presentes. Al escuchar el ruido de las pisadas por el vergel cercano al campo santo, todos giraron la cabeza para ver de quien se t rataba. Y es que estábamos todos, no faltaba nadie. ¿Quién podía ser?

No eran desconocidos… exactamente. Se trataba de Clint Eastwood y de Goldie Hawn. Y bueno, aunque nadie allí podía afirmar haber mantenido una conversación con ellos, casi todos conocían su identidad y a que se dedicaban básicamente.

El cura se acercó a ellos y en un inglés totalmente espaninglis se dirigió a los ilustres entrometidos y después de saludarlos les preguntó que qué les traía por allí.

El actor miró a Goldie y se sonrieron mutuamente.

Hemos venido a despedirnos de Antonio”, dijeron. Escuchado ésto, el padre Ignacio los invitó al sepelio que ya estaba en el punto de “vamos al refrigerio”.

Ninguno en el pueblo habíamos visto tal voracidad ante unas viandas en esas circunstancias. Ni tan siquiera las beatas de los Coca eran capaces de hacer competencia a tal velocidad en el engulle.

Cuando llegó el momento de la marcha, los ilustres se despidieron educadamente de los allí reunidos – en un castellano bastante bueno, por cierto- y en su Cadillac descapotable rosa del 65, retomaron camino.

Días más tarde, en uno de esos programas sobre cine que dan entre películas, dieron la noticia: Eastwood y Hawn había visitado Andalucía buscando escenarios para una película de esas que llaman “road movie”. Ambos declararon que el viaje había sido muy positivo y que en unos meses comenzaría el rodaje.

Meses después asistí al estreno de la película. No recuerdo exactamente el título, ya que como en muchas ocasiones, la traducción que habían dado no tenía ningún parentesco con el original, con lo cual, olvidé tanto el título en inglés como el castellano. Lo que no olvidaré será una escena de ambos en el Cadillac en la que, parados en el borde de un precipicio de una carretera, veían un entierro en el valle cercano y Eastwood de decía a Hawn: “Deberíamos acercarnos. Es la hora de comer y tengo entendido que tras los entierros se ofrecen buenos refrigerios.”

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Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
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Una respuesta a Road Movie

  1. eres genial si todos los entierros fuesen asi q viniesen unos famosos ya me gustaria q viniese jean claude vanndame jajajajajajajjaaja

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