CONFESIONES AJENAS, CON NESTOR ANDRADE

Cada vez que he decidido ir a por ella ha ocurrido algo que me ha impedido hacerlo y lo que más me molesta de el cúmulo de contrariedades que durante años se han sucedido en contra de nuestro encuentro, no es saber que no podemos estar juntos, no es mi infelicidad, sino no saber si realmente es feliz ella.
Hace mucho tiempo la dejé ir. En ese tiempo me la negaba, quería demostrarme a mi mismo que ella era una más y la excusa, la que yo ponía a mi corazón, no era más que una mentira, una doble mentira: Para protegerla ante el mundo, para no manchar su reputación y, ésta es la más grave, la peor, para convencerme a mis mismo que solo era una más del montón.
Pero la realidad distaba mucho de aquellas respuestas que alternaba según quien fuese mi interlocutor.
No había pasado ni un mes de nuestro último encuentro cuando me dí cuenta que no podía continuar sin tenerla a mi lado, aunque todavía no era verdaderamente que la había perdido, de hecho, todavía creo, que algún día, volverá a estar conmigo, volverá a ser mía, y esta vez, será para siempre.
La primera vez que tuvimos una riña cometí la torpeza, tras una feroz melopea, de caer en los brazos de mi mujer, la de papeles, mientras balbuceaba su nombre. Un nuevo hijo, esta vez el esperado varón, hizo que ella, mi amor, el único, se esfumara de mi vida. Yo me autoexplicaba historias inexplicables para autodoctrinarme sobre la conveniencia de aceptar la realidad más próxima, por su bien y y por el mio: Ella tenía que empezar su vida y yo continuar con la mía. Lo nuestro no había sido más que un paréntesis, un episodio a modo de ensueño en mi expediente, un borrón en su curriculum, escueto todavía.
Por primera vez puso distancia física entre nosotros, decidió dejarme solo en aquella empresa que, solo ella, era capaz de dirigir, y tuve que buscar ayuda, claro está. Solo su imagen ocupaba mi pensamiento, desatendí mi trabajo y mi familia, callejeaba a todas horas, cada vez que la localizaba la seguía, me convertí en su sombra, hasta el día que me dí cuenta que esa conducta mía la estaba perjudicando.
A raíz de ello, ella decidió ensanchar la distancia y puso mar de por medio. Se fue para no volver, yo lo sabía. Fui a su casa, con una excusa pude conseguir su teléfono, y con mentiras, conseguí hablar con ella. Lo sabía, yo no estaba solo en esto, ella solo había huido, tenía miedo de lo que sentía. Era eso.
Y volvió. Y volvimos. Esta vez, con mucha más fuerza. Y ella disfrutaba, se reía, hasta que un día, cansada de lo mismo, volvió a alzar el vuelo, y en lugar de mar, puso tierra, mucho camino, y yo, idiota de mi, no me di cuenta que con ello, quedaba separado nuestro destino y para siempre, con su partida, la esperanza de volver a vivir, a tener la felicidad entre los dedos, aunque fuese un leve encuentro, la frágil esperanza de creer volver a verla de nuevo.
Y si tuviera que explicar algo más, sería algo así…

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Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
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