CONFESIONES AJENAS CON, LARA MONTANO

Todos aquellos que me conocen un poco, saben de mi mente inquieta, movida -decían cuando yo era chica- hiperactiva -lo denominan ahora-, esa mente que provoca un terrible hormigueo por todo mi cuerpo cada vez que ralentizo la marcha, que sin darme cuenta -nunca pienso- en pararme.
Una amiga me recomendó hacer yoga, me dijo no sé cuantos beneficios me reportaría su práctica, pero fue solo uno, el referente a la relajación. La verdad es que esa parte funcionó. Sin darme cuenta, mis tiempos cambiaron: empecé a ir más despacio y con ello, a saborear más la existencia que para mi en el reparto quedó. Bueno, hoy no es de existencias de lo que quiero hablar.
En los talleres de yoga a los que asistí descubrí a gente interesante y todo un mundo de alternativas diferentes a todo aquello que yo hasta ahora tenía como válido. Todos estos nuevos conocimientos me llevaron a un pequeño taller de reflexologia. Fue allí donde durante la teórica descubrí que los pies decían mucho de sus propietarios. Entre otras cosas me enteré de que había una línea por la zona del talón que acostumbraban a tenerla los mellizos. Al escuchar aquello varias cosas se me vinieron a la cabeza.
Era una idea que a primera vista podía concebirse como el bigban de una historia amarilla, o formar parte de una crónica negra, y yo, de esas cosas no escribo. No digo que en un momento determinado pueda escribir de algún color, pero si hay una característica básica es el intimismo que los acompaña, sean del tema que sean.
Recordé que mi hermana tenía una de esas marcas en el pie.
Recordé a una amiga de la infancia que guardaba un inquietante parecido conmigo.
Recordé al escuchar el relato de un parto de una madre de niños robados, algo que yo había escuchado en casa, de boca de mi madre: “una inyección, las piernas dormidas completamente, pérdida de consciencia temporal”
Recordé que en mi numerosa familia no había ningún repe, cuando genéticamente estábamos predipuestos.
Eran demasiados los recuerdos que habían aflorado casi a la vez. Sentí que aquello era una señal y decidí utilizar mis dos semanas de vacaciones en hacer averiguaciones.
Hablé con mi hermana, me dijo que estaba loca, que tenía mucha imaginación.
Hablé con mamá, idem de lo mismo. Que era una novelera, me dijo.
Hablé con Lee, mi amiga de la infancia, después de olfatear una de sus empresas previo pago a uno de esos chivatos empresariales que hay en la red. Aunque ahí la suerte en la búsqueda no fue el pago sino su nombre, único por aquí, bueno, único no, igual al de su madre. Si, de momento, diremos madre. Bueno, es su madre, le ha dedicado los cuarenta años de su vida…
El encuentro fue emotivo después de tanto tiempo, habíamos compartido parte de nuestra adolescencia, la vida nos había unido durante unos veranos. Ella vivía fuera pero venía a Castelldefells durante las vacaciones.
Continuábamos pareciéndonos bastante, aunque ella es más alta y delgada.
Le expliqué porqué la había buscado y me dijo que siempre le pareció que éramos gemelas separadas al nacer y que le hubiese gustado que hubiese sido así, pero que de ahí a que eso fuese cierto, había un abismo. A pesar de ello, decidió apoyarme. La casualidad quiso que una de sus empresas fuese uno de esos laboratorios donde se dedican a los estudios de ADN.
Mi hermana y mi madre aceptaron a regañadientes y básicamente porque no les iba a costar nada.
Todas esperamos el resultado de las pruebas, ellas con una visible incredulidad, yo con curiosidad y también, como no, con la esperanza que los resultados favorecieran mi hipótesis. Lo que si es cierto es que no era algo personal por lo que aquellos resultados implicaran en mi vida, sino por el hecho de comprobar la fiabilidad de mi instinto. Yo siempre tan sentimental…
Los resultados me dieron la razón. Ahora son ellas, las mellizas y mi madre las que intentan equilibrar nuevamente su vida, yo, en el fondo, siempre supe que Lee, era mi hermana.

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Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
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