CONFESIONES AJENAS CON MARIONA RIUS

Desde lo más antiguo que abarca mi memoria, Caín y Abel formaron parte de mi vida.

No siempre fueron esos los nombres de los hermanos, aunque el modelo era cada vez el mismo.

Caín fue el primero en presentarse: Fue durante una siesta dominguera, de esas que más por el cansancio se producen por el aburrimiento. Me encontraba tendida en mi estora de rafia verde y blanca, como la bandera de Andalucía, cuando algo que parecía ser un insecto, interrumpió mi tranquilidad -palabra que por cierto, debería escribir en letras capitales, con importancia, porque no fue solo la tranquilidad del momento quedó difuminada, sino la de muchos años de mi existencia-. No era un insecto. Era un niño, poco más grande que yo, -me pareció en aquel momento y pude comprobar más adelante- muy blanco de piel, cosa que llamó mi atención, aunque no de forma especial, lo que realmente me impactó en aquel primer momento, fue su mirada, unos ojos verde aguamarina gigantes, que me incordiaba con una rama silvestre. Le recriminé el hecho y armado de una serenidad extrema me dijo que hacía ya varios domingos que observaba mi aburrimiento y me invitó a jugar con el y sus amigos. Estupefacta, a punto de pellizcarme para comprobar si era verdad, accedí a su propuesta e hice el ademan de incorporarme. El chico tendió sus manos frente a las mías de un tirón me encontré de pie frente a su camiseta. Era altísimo, o quizá es que yo era muy pequeña…

Caminamos por el campo hasta donde estaban sus amigos, antes de presentarlos, lo hizo él, indicando, como el del dicho, que el burro era primero, “Caín, me llamo. Y aquel rubio insípido, Abel, mi hermano” ,luego, siguió con el resto. Jugamos a las cartas durante un rato y al terminar, el rubio se puso a mi lado y me preguntó que de donde me había sacado su hermano. No me dio tiempo a contestarle. Llevaba un reloj muy grande puesto, y al mirarlo, me dí cuenta lo rápido que había pasado el tiempo. Dije adiós y salí corriendo.

Desde ese día los domingos dejaron de ser aburridos, hasta que de nuevo llegó el frío y los niños dejaron de venir.

Al verano siguiente, y al otro, continuamos jugando a las cartas, me enseñaron a jugar al póquer y a algún otro juego…

Siempre tenía a los hermanos cerca, uno a mi izquierda, el otro a mi derecha, a uno lo admiraba por dentro, al otro por fuera.

Pasado el tiempo, Abel se ausentó y nuestras reuniones empezaron a espaciarse. Pasado un tiempo, ya era yo más grande, Caín y yo entablamos una amistad especial, que terminó de manera abrupta al descubrir que no él, quien mi corazón ocupaba. Y ahí quedó, en la distancia falseada, como las olas de la playa, unas veces más cerca, otras más lejanas, pero siempre en vaivén continuo, entre el mal y el bien, entre Caín y Abel…

Pasado el tiempo conocí a un hombre que me atrajo sobremanera desde el primer momento, no se si era su apariencia elegantemente desdeñada, a modo de galán de fotonovela, o la oscura leyenda que en torno a su persona se tejía, pero la curiosidad era tal, que no paré hasta que sutilmente llegué a ser la dueña de su vida, aunque yo, para lejos, no lo quería, no era más que una fuente inagotable de caprichos para mi, que era casi una niña.

Quiso el destino que nuevamente en mi camino, al hermano de, digamos, mi víctima. Era de mi edad, quizá algo más chico, la inocencia personalizada, la bondad del nuevo en ello, la antítesis, que no por fuera, del hermano viejo. Empezamos a salir, yo sin intenciones, para mi era un juego, una pérdida de tiempo, un contemplar al uno en su inocencia, al otro, ardiendo en su propio infierno, mientras yo impasible los miraba, perdiendo sin darme cuenta, mucho a mucho, lo poco bueno.

De nuevo en el medio de una lucha entre hermanos, de manera más o menos voluntaria, y alejándome cada día un poco, entre juegos, de ese paraíso prometido, que es el cielo.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
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