SOBRE LA EXISTENCIA DEL AMOR, SEGUNDA PARTE

Para no contradecirme y seguir en este aura de buena convivencia -como dirían algunos- o porque creo firmemente que una declaración de buenas intenciones nunca es suficiente -aunque he de aclarar que no se la exijo a nadie- o, -si, sí, hay más supuestos- porque como dicen los zodiacologísticos, como buen libra -puedo alardear solo en un minúsculo grado- soy eso que ellos llaman, un seductor social…

No me dejo llevar más por ese narcisismo que en las horas altas de la balanza que me domina y cumplo con lo pensado.

Hoy esto va por tú comentario Carlos, y por la idea que éste me ha dado: “El amor es algo que extravía la razón”.

Parte de la culpa sobre la importancia que le damos al vocablo “AMOR”, sin duda se encuentra en los efectos que produce. Quizás sean esos efectos que no se pueden controlar, lo que hace que su importancia sea tal que no falte quien afirme que que el amor lo mueve todo.

Pero eso no es una razón suficientemente seria para seguir adelante y darlo como una existencia asentada. Yo me resisto a ello. Yo sigo buscando. En esa foto mismo, no se ve, pero seguro que más de uno piensa que está ahí.

Entonces, parece que empezamos a aclarar algo. Está dentro de nosotros, porque si no se ve y existe -hipotéticamente hablando, claro está, podría medirse con otras cualidades inexplicables (voy a poner un ejemplo básico, basto y claro: Alguien odia el queso ¿porqué? ¿que te ha hecho el queso?, en este ejemplo, no me valen intolerancias alimentarias, solamente hablo de lo que se escapa a nuestra razón, ¿qué quiere decir esto entonces?)

Me atrevería a decir que todo, absolutamente todo, está dentro de nosotros mismos, y que somos nosotros, los únicos responsables de llenar nuestro exterior, ese mundo al que pertenecemos, de aquello que llevamos dentro, parece ser con esto, que somos únicamente nosotros, los responsables de que esto sea así.

Me atrevo demasiado, con frecuencia, aunque no me pasa siempre. No es por miedo a errar. Es sencillamente porque entiendo que siempre hay quien no piensa igual que yo y que seguramente, ni aun formado en los mismos valores, tiene porqué llevar la misma trayectoria de vida -el modus vivendi, que dirían algunos- que yo, y no por ello, llegado el caso de existir una valoración, quede una vida en mejor posición que la otra, aunque claro es que, aquí de nuevo, volveríamos a preguntarnos cual es realmente la correcta.

Alcanzando nuestro tema de nuevo, ese gran concepto que dicen lo incluye todo, una nueva pregunta asalta mi zona alta, es referente a si realmente deberíamos considerarlo como el motor de la vida y si dependiendo de los ámbitos le damos un nombre diferente. No sé… se me ocurrió.

Aquí creo que quizá hemos encontrado un punto de claridad. La gran mayoría nos movemos, nos marcamos objetivos que de una forma u otra denotan placer, ya sea porque esa irracionalidad que se apodera de nosotros – así nos lo manda-, ya sea porque optamos por un camino fácil -así nos resulte placentero-, o sea por, el mero gusto de conseguir el objetivo marcado.

Creo que nuevamente me perdí en esas interioridades que nos componen y no quiero. Hoy no.

Hoy, igual que ayer, de la misma forma que hace ya un tiempo, lo que me gustaría realmente es entender porqué muchos de nosotros no buscan dentro para empezar a transmitir fuera, porque se empecinan en adquirir como suyas doctrinas que no lo son, y lo que es peor, intentan hacernos comulgar -juro que esta comunión no tiene segundas lecturas- con eso que dijo tal o lo cual y que a ellos les parece divino, único, ley…

Parece que volvemos al mismos lugar de donde salimos pero esta vez con mucha más fuerza: En ningún momento podemos perder de vista el hecho de que no hay más base que uno mismo, y que es ahí donde uno tiene que buscar y se tiene que ordenar, no puede uno salir al mundo explicando e intentando transmitir lo que no sintió, lo que no vivió, lo puede explicar, pero no lo pude transmitir porque no sabe lo que es.

Uno no puede permitir que en cuatro días, aprovechando esa balanza en horas bajas, dejemos que unas palabras apropiadas al uso nos conquisten y disuelvan de manera peligrosa, dejando en esa playa de incertidumbre, todo aquello que realmente somos, y adquiriendo una identidad que nos pertenece.

ARENAS QUE SEMEJAN

ARENAS QUE SEMEJAN, QUE TRANSMITEN DE MANERA EFÍMERA MIENTRAS QUE A LA VEZ, SE ESCAPAN ENTRE LOS DEDOS

 

UN RELATO PARA OSCAR

 

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Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
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Una respuesta a SOBRE LA EXISTENCIA DEL AMOR, SEGUNDA PARTE

  1. el amor desea la perfección, lo inhumano y eso lo complica y nos hace pensar en las cosas más terrenales, como los besos, las caricias y en ocasiones los sueños suelen ser más apegados a la tierra a lo que somos y sin duda, todo eso esta en nosotros, nos habita, si el amor existe es un complejo entramado que apenas nos deja ver lo que suponemos que es

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