CONFESIONES AJENAS CON ISIDRO PALOMO

Cachondeitos los justos, por  favor.  Me llamo Isidro Palomo no Juan Palomo.  Aunque si, también como él, yo me lo guiso, yo me lo como.  Y aquí estoy, luchando por la vida, a un montón de kilómetro

s de mi casa, en una casa que no es la mía y con un trabajo que justo me da para arroz y choped de pavo, que para que engañarnos, el pavo y el pollo serán muy sanos, pero donde se ponga un buen chuletón… -cuando vuelva a casa por navidad, como los turrones, seguramente mi.  Mi vida va siempre tras un sueño que no llega y mientras subsisto, que no es que lo mismo que decir que existo.  Y sé que existo, a pesar de todo, porque siempre alguien, en algún momento me lo recuerda.  Alguna vez porque me dicen que me quieren, por ejemplo, y entonces es cuando me pierdo, vamos, cuando me perdí, pero de eso, de mi vida privada, digo como las celebrites “De mi vida privada no hablo”.  Otras veces, aguantando carros y carretas cuando yo no quiero más  que vivir y no molestar, y alguno se mete conmigo y me dice que soy un desaprovechao. Y entonces yo miro hacia mí mismo, y me digo: “Ostia Isidro, que estás aquí”  Y pienso, porque yo  pienso mucho, aunque no lo parezca.  Y es que eso es otra… cuando alguno o alguna me empieza con la misma matraca: “Que si estoy así es porque quiero, que si me gusta lo que hago, que si esas son mis pretensiones en la vida, que si no saco partido….”  Pretensiones no tengo, soy realista.  A MI ME HUBIERA GUSTADO SER COMO JOSE MOTA.  Es mi ídolo.  Pero yo no sirvo, yo veo mis limitaciones aunque muchos se empeñen en contradecirme y enjabonarme, sobre todo, las pibitas… y las que no lo son tanto, vamos, evas en general.  Tengo mala dicción, no hablo bien,  yo creo que debería ir al logopeda aunque algunos me dicen que para ser artista no es al logopeda donde debo acudir sino que tengo que apuntarme a clases de declamación.  Por un lado me suben la moral, me dan una alegría, me hacen sentir que todavía puedo hacer algo por la vida, pero por otro… todo eso está muy bien, lo de ir a clase y eso,  pero eso cuesta una pasta, y yo estoy boquerón, boquerón matao.  Las malas –que al final ya no sé si son las unas o las otras-  creo que me insinúan que venda mi cuerpo, pero a lo bestia, pa lo guarro na más, porque dicen que las que pueden pagarlos quieren mostrar el trofeo –aunque sea pagao- en público, – debe ser por eso por lo que no están en las glorietas de la treinta y uno.  Cuando me han dejado expresar todo esto, que para mi ha sido un esfuerzo mu grande, me dicen que no hablaban de eso, sino que me dedique a ser modelo, y yo, complaciente como soy, les hago el paseíllo con mi traje colorao de faena, mientras las muy brujas –y lo digo desde el cariño, que son buena gente las colegas-  se ríen de mi.  Y yo en el fondo, me siento orgulloso porque en el fondo, es lo que he querido siempre, hacer reír a la gente.

DAVID ZEPEDA O ISIDRO PALOMO

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Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
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