SUEÑO NÚMERO OCHO

– Otra vez he vuelto a entrar en tus sueños, nuevamente he profanado tu intimidad y tú, lejos de echarme a un lado, me has cobijado entre tus brazos.
– Sigue contando.
– Todo había retrocedido, la zona franca de nuevo era mar y la montaña se había convertido en una isla calcárea rodeada de un mar azul de poca profundidad, transformándose en un lugar idóneo para estancias veraniegas, sobretodo, de escolares pertenecientes a alguno de esos clubs de aventura que incentivados por la temporalidad laboral veraniega cada día son más numerosos. Ya sabes, el trabajo con hijos pequeños suele tener algún gasto ocasional…
Bueno, a lo que vamos. Había retomado mis clases de patrón de embarcación y por fin había conseguido mi título. Después de lo ocurrido mi vida había dado un giro de trescientos sesenta grados y por fin me había convertido en dueña de mi vida, o por lo menos así lo sentía yo. El puerto se había reducido a poco más que el construido para las olimpiadas, y solamente las naves de poco calado podían entrar en él. Quizá por ello mi gran interés en hacerme con las credenciales. No solamente era mi pasión por el mar, sino convertirme en un profesional en auge, ya que las embarcaciones ascendían por la Icaria buscando donde amarrar mientras descansaban del trasiego marítimo en el que se veían inmersas, y es que los cambios de niveles habían modificado tanto la orografía como la vida de los habitantes de la zona.
Bueno, la cuestión es que me hice con el pequeño velero que recibí como permuta por uno de mis trabajos, solté amarras y me hice a la mar. No me alejé mucho de la costa, justo lo necesario para sentir el salitre conquistando mi piel a la par que la persona que llevo dentro irradiaba una felicidad que parecía surtirme de sentidos sobrenaturales. Fíjate que yendo a algunas millas de la costa, me pareció escuchar tu voz en tierra, procedente de las pequeñas grutas de Montjuich. Decidí acercarme, ancoré el velero lo más que pude, y nadé hasta el islote.
La algarabía producida por los niños que jugaban entre las cuevas y las aguas cristalinas en que nos encontrábamos era ensordecedora. Descubrí a una de tus compañeras organizando una gincana con un grupo de chicos. Me acerqué y la saludé. Se alegró de verme. Sin preguntarle más, me indicó donde estabais ubicados los demás. Enseguida, me dirigí a tu paradero. Te encontrabas amarrando un barca pequeña. El agua te llegaba por las rodillas y curiosamente, en aquel rincón de paredes extremadamente claras, quedaba de las ondas sonoras que invadían el resto. Estabas de espaldas a mi y no notaste mi presencia. Mi intención era aproximarme a ti por la espalda y taparte los ojos, para hacer sorpresa, pero era bastante difícil, por lo que puse mis manos mojadas en tus hombros abrasados por el sol. Un gemido de deleite fue tu saludo a la vez que te girabas y dándome un abrazo, refrescabas en mi humedad tu cuerpo. Con tus manos, cogías mis codos mientras me mirabas a los ojos y me decías que habías reconocido mis manos mojadas sobre tus hombros. Yo, henchida de la emoción, dejaba escapar un rubor sofocante de mis ajadas mejillas, el salitre acumulado en la travesía se cuarteaba en mi piel. Sonreiste y sin preguntar nada, me cogiste de la mano y recorrimos juntos las numerosas calas y cuevas, algunas repletas de criaturas, otras, completamente desierta. En uno de esos parajes apartados, rebosantes de paz y exentos de ruidos, se encontraba tu cabaña. Construida sobre una base de madera cimentada en una especie de pasarela y cubierta de hojas de palmera. Me invitaste a entrar. Una cocinita y un pequeño poyo con un fregadero a mano derecha; una mesa redonda pintada de azul y dos silla al lado de ésta; una ventana que mira a las grutas, reflectoras de toda la luz del astro rey a esas horas, a la izquierda; al fondo, una vistosa y basta cortina semicerrada, deja ver el pequeño catre, cubierto también con una ropa rústica y austera. Te cojo de la mano, te miro a los ojos. Me devuelves la mirada y me dices que sí, que estás solo…

MONTJUIC

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Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
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4 respuestas a SUEÑO NÚMERO OCHO

  1. Chojesús dijo:

    Me ha encantado. Precioso relato.
    Un abrazo,
    Jesús

  2. Lorena y efe dijo:

    Relato lleno de frescura muy bien escrito.

    Saludos

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