MINUTOS

Apenas tenía treinta para demostrarle al mundo -que por cierto, no era tal- que ella era mucho más que un trozo de carne con ojos. Debo aclarar, primero de todo que para ella, el mundo, no era el mundo que todos conocemos. Su visión global del mundo tenía unas dimensiones minúsculas, prácticamente inapreciables para el resto de los mortales: el mundo era su calle, sus vecinos, sus tiendas y negocios de proximidad, poco más. Era simple, no conocía más fortuna que aquellas que poseían los ricos de barrio -aquellos que tenían un negocito, o algunos locales alquilados comprados de algun congénere en periodo de vacas flacas- pareciera, para ella, que el mundo empezaba y terminaba en su calle; todo aquel que venía de fuera: el doctor, el director del banco… eran vistos como entes de otro planeta, no existían dentro de su clasificación social.

Lo cierto es que por aquellas latitudes de la gran urbe, todos eran muy parecidos, gente sencilla que no tenía más pretensión en la vida que crecer, multiplicarse y poder mantener al producto de sus pretensiones. Pero siempre existen excepciones en estas sociedades: lo cierto es que aunque el mundo parecía estar cambiando, allí todo seguía igual, los roles sociales a modo de castas vitalicias, imponían sus designios y todo aquel que de alguna forma se desviaba de aquellos conceptos arraigados, se convertía en un apestado social, fuera o no con razón. Ya las mujeres, en aquellos tiempos, al igual que en éstos, pese a estar igualadas a los hombres en los textos legales, continuaban siendo el blanco perfecto para culpabilizar las miserias sociales, en especial las procedentes del género opuesto. Salirse un ápice de aquellas directrices siendo mujer, suponía convertirse en blanco obligado de la mísera crítica social, hasta tal punto que por su tranquilidad, las más inquietas, o digamos, menos conformistas, habían decidido llevar una doble vida, donde verdaderamente realizar sus sueños, un práctica peligrosa ante el riesgo de ser descubiertas por algún congenere, generalmente con antecedente de género frustrado.

Para deshacer todo aquello, bastaba con invertir unos míseros minutos…

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Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle
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