CONFESIONES AJENAS CON MARÍA SALERNO: PIONERA , MI ENMANUELA

OTRA PIONERA, ÉSTA, DE CINE

#HistoriasdePioneras

Si tengo que ser sincera conmigo misma, no puedo decir que Enmanuela sea la peor de mis nietas.  Si debo seguir sincerándome, puedo afirmar que siempre le tuve cierta inquina, era tan diferente a todos nosotros, a nuestra familia…

Mi vida fue una cadena de decepciones constante que me convirtieron en una mujer de gesto amargado, repugnante, tanto que, la belleza que decían que un día tuve, quedó escondida bajo ese gesto que no era más, que el reflejo de mi propia alma, de todo el sufrimiento que padecí a lo largo de mi existencia.

Mi primera decepción fue como esposa, cuando descubrí lo que hacían los maridos a sus mujeres.  Hasta el día de mi boda, creí que un marido era un novio que vivía contigo y formaba una familia en total armonía.

Mi segunda decepción fue comprobar que ese novio con el que me había casado, tan alto, tan guapo, tan atento, no era más que un guarda de cortijo.  A mí, que mi madre siempre me había dicho que me casaría bien, porque era muy bonita, me había tocado un labriego, con lo que yo los odiaba, con el sudor, el polvo, el barro…  Decía también mi madre que mi hermana no tendría tanta suerte, pues era feíta, mal empelada, de tez morena y pequeñaja.  Debo decirles que mi madre se equivocó.  No sé si mi hermana fue más feliz que yo en su matrimonio, pero por lo menos no tuvo que vivir en un cortijo, en medio del campo, guisando en una lumbre para todos los trabajadores, que en tiempos de recolecta eran más de cien.  En ese cortijo nacieron mis siete hijos. 

Mi hermana vivía en la ciudad, se había casado con un médico y tuvo una parejita, y El varoncito estudió medicina, como su padre. Me ayudó a colocar a todas mis hijas en buenas casas de la capital, excepto a la más pequeña, que cuando estuvo en edad ya nos habíamos trasladado nosotros también y pudo aprender el oficio de modista.

            Mi tercera decepción me la llevé con mi hija mayor, una gran devota, siempre pensé que se haría monja y mira por donde, se enamoriscó del contable de la casa donde trabajaba y se casó.  Creo que nunca se lo perdoné.  Yo siempre había pensado que sus rezos constantes nos ayudarían a no enfermar, y a que, llegado el momento, estuviésemos en paz con Dios y por fin pudiéramos descansar en el paraíso, después de una vida tan trabajada.  Cuando alumbró a su hija creí morir, no había visto jamás una criatura tan fea como aquella.    Enmanuela no era como mis otros nietos, era rubia con unos grandes ojos azules, muy diferente a todos nosotros, castaños, de ojos negros o melados.

            Enmanuela fue mi cuarta decepción, sin duda, y lo fue desde el día de su nacimiento durante el resto de su vida, hasta que la mía terminó, gracias a Dios, de un ataque al corazón y por fin, dejé de verla.  No saben que descanso… descanso eterno, le llaman.  Enmanuela, como era tan feísima y tan altísima, no hacía más que estudiar.

Todas sus primas y primos, nada más terminar la escuela o la formación profesional, se buscaban un empleo y luego un novio o una novia y se iban casando.

Ella no, ella tenía que ser diferente.  Estudió para maestra de inglés y en la universidad se echó un novio.  Un muchacho de buena familia, todo parecía perfecto, durante un tiempo la vi como más normal, vamos, como el resto de la gente, como mis otros nietos.

Un domingo, la vi sentada leyendo un libro -porque leía mucho, como mi Antonio- y me dio por preguntarle que porqué no estaba de paseo con su novio.

Me dijo que ya no eran novios, que ahora eran solo amigos.  Pero, ¿Cómo va a ser eso?  ¿Cómo una nieta mía va a dejar al novio?  Y ahora, ¿Quién va a cargar con ella? con lo fea que es y ya, habiendo tenido novio, pensé.

            Mi quinta decepción, también me la dio Enmanuela.  Tenía un novio nuevo y los pocos meses de conocerlo, me dice mi hija que Enmanuela se casa.  Yo le pregunté a mi hija si es que se ha arreglado con su novio antiguo, y mi hija me dijo que no, que se casaba con el nuevo, en un mes.  Yo ya no me atreví a preguntar, me parecía todo muy apresurado, pero, ya llevaba un tiempo ejerciendo de capitalina y empezaba a darme cuenta que no todo era como yo siempre había pensado. 

A los cinco meses de la boda, me enteré de que ya era bisabuela.  ¿Cómo podía ser eso si hacía poco que se había casado? Mi hija, la muy párvula, me dijo que la niña había nacido milagrosamente de una gestación de cuatro meses.  Otra, que no veía más allá de los santos y los milagros…

Cuando mi bisnieta cumplió cinco años, por cierto, igualita que su madre, me invitó a la fiesta y cuando pregunté por su marido, me dijo que lo habían dejado, que vivían las dos solas.             

            Esa fue mi sexta decepción, la que me llevó a la tumba.  Y para colmo de males, esta nieta mía, la diferente, la que estudió, la que dejó a un novio y se casó con otro, la separada, se convirtió en la primera directora de una agencia de viajes en la provincia, y aún trabajando fuera de su casa, educó a su hija y cuidó de sus padres hasta que estos faltaron.  

            Y ya aquí en el cielo, después de muerta, seguí decepcionándome, esta vez conmigo misma, al darme cuenta de lo equivocada que había estado siempre, y de lo injusta que fui siempre con la mejor y más valiente de mis nietas: Enmanuela, toda una pionera en mi familia.

Acerca de Mechas Poval

Lamari Poval, Escritora salouense nacida en Barcelona. Multifacética en aficiones y destrezas, bloguera desde el año 2006. Aunque el oficio con el cual uno llena su despensa no sea el de escribir, si uno se levanta por la mañana pensando en escribir y es feliz cuando escribe, es escritor. Actualmente expone sus creaciones en "El racó de Mechas", de Mechas Poval y "Con un par" de Lamari Pujol. Publicaciones: UN RELATO PARA OSCAR, 2012, ed. Puntorojo MI HERMANO KEVIN,2013,ed.Vivelibro CUANDO LA MARACA SUENA,2014,ed,Amazon kindle CRÍMENES DE ASFALTO, TIERRA Y MAR, 2019, ed Vivelibro
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